6/5/12

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No me tengo por agorero ni siento la vocación del desastre. Si nombro las dificultades es más como cálculo de posibilidades que como ejercicio de visionario y mucho menos como esotérico creyente del fatum. Sigo pensando que es el miedo a ser libres lo que crea problemas y desgracias a los individuos y a las sociedades. Ese miedo paraliza e impide que probemos otras maneras de ver y hacer las cosas. Se me dirá que probar es arriesgar. ¿Por qué no prever el riesgo y cambiar antes de que estemos al borde de lo irreparable, justo cuando el riesgo ya no es meramente un aviso sino un hecho consumado y trascendido en algo peor?


1 comentario:

  1. Eso es para inteligentes y valientes. ¡Pues no pides tu poco!
    No hay que creer ni en el fatum ni en nada, es cuestión de "análisis desapegado" y deducir consecuencias más o menos acertadas, vamos lo mismo pero con otros parámetros,los antiguos, además garantizados a través del tiempo.... somos tan flojos que todavía nos dan servicio, se necesitan báculos para seguir vivos, por diversas razones.
    Cuando se seleccione a la especie como se hace con los animales, puede que otro gallo llegue a cantarnos pero ¿será mejor? Bs.

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