5/9/12

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Tal vez todos los tiempos vividos son tiempos inciertos. Aunque en ocasiones se den determinados ciclos que impulsan el sueño  -y el señuelo-  de la seguridad y casi el del paraíso alcanzado. Por supuesto, no para todos los mortales. El presente me hace comprender el pasado, con su conveniente relativización. Entiendo, por ejemplo, la severidad de mi padre a la hora de contener los gastos domésticos o su obsesión porque los hijos aprovecháramos los estudios y, como se decía entonces, nos labráramos un futuro. Ellos, nuestros padres, eran también presa de la incertidumbre. Puede que con mayores y poderosas razones, puesto que sabían de dónde venían y qué débil y costoso era mantenerse día a día.   



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