16/11/12

375.




No he pensado la huelga en términos de mera representación ideológica ni electoralista ni publicitaria. La pienso en la medida en que me afecta como compromiso personal ante mí mismo. Ante mi propia apreciación de los tiempos que vivo. Ello me obliga a efectuar una valoración moral del sentido de la protesta. Protestar no es solo enrabietarse o hacer pasar un día malo a los pudientes. Es cuestionar, repensar, decidir los términos en que se quiere seguir viviendo. Un día de huelga será pasajero. El sentido y su calado permanecerán (independientemente de lo que digan tirios y troyanos)


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